6. El Cuento de la Jabalina
Una noche de tormenta, el viento aullaba entre los árboles y la luz parpadeaba. Para calmar el nerviosismo de Yatziri, Akin se sentó en el piso de la cabaña, cerca de la puerta, y comenzó a contar una historia. No era una fábula con moraleja, sino un relato de su infancia: cómo una vez, siendo apenas un niño, había visto una jabalina y a sus crías cruzando un camino frente a él, y cómo su abuelo le había enseñado a quedarse completamente quieto, a hacerse uno con el viento y los árboles para no ser percibido como una amenaza.
"El respeto", susurró Akin mientras el trueno retumbaba, "es saber que tu presencia puede alterar el mundo de otros. Por eso hay que aprender a ser como el árbol: fuerte, pero silencioso." Yatziri, arropada por la voz grave de su tío y por el rugido de la tormenta afuera, se sintió en el lugar más seguro del mundo.
7. El Último Amanecer
Antes de que Akin tuviera que regresar a la ciudad por unos meses para unos trámites, pidió a Yatziri que lo llevara a su lugar favorito del bosque. Ella lo condujo a un claro donde los primeros rayos del sol golpeaban las bromelias y las hacían brillar como joyas.
Se sentaron en silencio, viendo cómo la luz despertaba el bosque. Él tomó su mano y, con la yema del dedo, dibujó un pequeño círculo en su palma. "Eso es el sol", dijo. "Siempre vuelve. Yo también." No hubo lágrimas, solo la certeza de un cariño limpio, construido de lecciones, silencios compartidos y un profundo respeto mutuo. Al despedirse en el camino de terracería, Akin le dedicó una sonrisa tranquila. Yatziri supo que, aunque él se fuera, el bosque le hablaría siempre con su voz.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario